Durante trescientos años de colonia y un poco más de doscientos años de vida republicana, hemos sido gobernados por la misma clase política tradicional, arrodillada a los intereses extranjeros, violenta, mentirosa y corrupta, para la cual, el bienestar del pueblo nunca ha hecho parte de sus intereses, solo sus privilegios, negocios privados, posiciones sociales, y la seguridad para la permanencia en el poder.

Toda la condición de miseria, pobreza, exclusión económica y política, explotación del campesinado y de la clase obrera, generada por esta clase dirigente corrupta, propiciaron el nacimiento del largo conflicto armado y político que hemos vivido los colombianos/as, el cual aún no se resuelve completamente tras las negociaciones de los procesos de paz de los últimos años, profundizando el conflicto social.

Cada cuatro años el pueblo es convocado a elegir un nuevo mandato, que pareciera un trono heredado de los mismos que nos han dirigido por los siglos de los siglos, y si revisamos las castas, encontramos abuelos, bisabuelos y tatarabuelos, de quienes nos gobiernan hoy. Como por ejemplo, apellidos como Ospina, Lleras, López, Pastrana, Samper, Santos, entre otros. Sin contar con los emergentes impulsados por el poder que les ha dado los dineros habidos ilícitamente.

Estos mismos que nos han gobernado siempre, presentan en sus campañas electorales, un panorama superficial, con frases representativas que promulgan el cambio, pero cuando logran ganar y comienzan a gobernar, lo que vemos es la misma corrupción de siempre, y las mismas acciones que deterioran la naturaleza y el bienestar de la sociedad.

Continúan en el poder para someter, dominar, explotar y desaparecer a aquellos que propongan o piensen algo diferente. Este año, el pueblo colombiano salió a las urnas, esta vez con un gran número de personas que aspiraban a un cambio, para darle un giro a las estructuras de poder, que como dice Frantz Fanon: “Nos tienen condenados/as”.

Ante este panorama, se presentaron campañas de engaño, de miedo, de amenazas, de insultos, de impunidad, y lo peor aún, se observó un presunto fraude que favoreció al candidato ganador, según algunas denuncias presentadas en las diferentes redes sociales. ¿Qué espera el pueblo colombiano ahora? Cuatro años más de opresión, explotación, saqueo de nuestros recursos y más mentiras, mientras los líderes y lideresas sociales siguen siendo asesinados/as, pero lo único que parece importar es que no nos parezcamos a Venezuela. Para que haya un cambio, es importante separarnos de ese pensamiento que nos inculcan los mismos que nos han gobernado siempre, hacer una lectura crítica de nuestras realidades y del modelo económico implantado en nuestro país, preguntarnos ¿Cómo funciona éste? ¿A quiénes favorece?

Es necesario reconocer las luchas sociales que se dan desde distintos escenarios, las luchas de los campesinos, los trabajadores, las mujeres, los estudiantes, los jóvenes, para saber de qué lado estamos ¿Del lado del pueblo o del opresor? Sigue existiendo una brecha entre las luchas sociales y populares, y el pueblito. En este sentido podemos decir que el pueblo aún no ha reconocido de qué se trata el poder político, el cual se encuentra en su misma fuerza. Ha sido educado por la clase política tradicional, ayudado por algunos medios de comunicación, para que ceda ese poder político y siga siendo un pueblo subyugado.

En medio de ello está el movimiento social, que permanentemente sostiene una lucha contra la clase política tradicional, por la disputa del poder, en pro de las transformaciones sociales, y es ahí donde se necesita la participación y el respaldo de todo el pueblo. Solo si el pueblo asume su poder político, sumándose a las luchas sociales, a la defensa de la soberanía, a la defensa de la educación pública, de la salud que está en manos de los mercaderes de la muerte, y en fin, si lucha conscientemente por un modelo distinto de sociedad, se abrirá el camino para el cambio… ¿Por qué no ir tras él?

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